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La Historia de Los Secretos  


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Prólogo

 

Para todos los que nos gustan los discos, además de la música, la aparición del CD supuso un auténtico trauma. Veíamos cómo irremedia­blemente perdíamos el vinilo y con él las portadas grandes, las diferentes texturas del papel, las caras A y las caras B, para cambiarlo por una cosa chiquitaja y fría, envuelta en un plástico duro y la mayor parte de las veces con más duración de la debida. Algunos, incons­cientes, se despren­dieron hasta del plato y arrinconaron o vendieron los discos, otros aguanta­mos todo lo que pudimos para final­mente sucumbir al CD.

Por eso cuando empezaron a aparecer las primeras cajas recopilatorias­ o box-sets como dicen los ingleses-, vimos los cielos abiertos. No había que reponer en CD toda la colección de King Crimson, Crosby, Stílls, Nash and Young o Bob Marley; bastaba con hacerse con la caja para tener lo funda­mental de todos ellos. Y encima eran bonitas, tenían fotos, textos, información...

La siguiente pregunta era obvia: ¿por qué ningún artista español había editado una? Seguro que hay muchas respuestas pero una es definitiva: para afrontar un proyecto de este tipo lo primero que hay que tener es una obra suficiente para jus­tificarlo y pocos artistas ha dado el pop-rock espa­ñol de los últimos 18 años que la tengan.

A primeros de año, durante una conversación con Enrique y Alvaro, se me vino todo esto a la cabeza y se lo propuse. Desde entonces hasta hoy ha habido una intensa labor de búsqueda de masters, de fotos, de regrabaciones, en definitiva se ha ido construyendo algo tan bonito como es la historia de un grupo, de un grupo que se llama LOS SECRETOS.

Para todos los que con mayor o menor intensidad hemos vivido los avatares de la música en este país, la carrera de LOS SECRETOS es admirable. Un grupo que ha sabido sobrevivir a su propio éxito, a los caprichosos cambios de las modas, a distintas formaciones, en definitiva al bien y el mal del Rock and Roll. Y ha sobrevivido con una sola arma, las canciones. Canciones que han aguanta­do el paso del tiempo y los cambios del público porque son buenas en si mismas, canciones que hace quince años emocionaron a los quinceañeros y hoy siguen emocionando a los que han cumplido los treinta y también a sus hijos, canciones sin fecha de caducidad, con un sonido propio, el soni­do SECRETOS en el que han influido, y no poco, Ramón Arroyo, uno de los guitarristas más versátiles y finos que se puedan oír aquí, y Jesús Redondo, dueño y señor de unas teclas siempre discretas, elegantes y generosas.

Pocas personas tan diferentes he conocido como Enrique y Alvaro Urquijo; como un día decía Enrique, sólo les une el que son hermanos y tocar en el mismo grupo, porque por lo demás no puede haber caracteres más opuestos. Yo añadiría más, les une su visión de la música y de lo más esen­cial, las canciones. Siempre han arrastrado el mito de ser un grupo difícil y conflictivo, y no tengo más remedio que negarlo. En el tiempo que llevamos trabajando juntos me han demostrado que son unos profesionales como la copa de un pino y que tienen muy claro lo que quieren, que no es otra cosa que poder seguir haciendo lo que más les gusta: música. Es para mi un honor presentar LA HISTORIA DE LOS SECRETOS.

 

Alfonso Pérez. A&R Manager.

 

No es ningún secreto que siempre me han gustado Los Secretos. Pero es que, además, me parecen ejemplares. Porque han sabido ser cada vez más ellos mis­mos en un país donde todo se trivializa, se maquilla, se disfraza; donde la mayo­ría de las canciones sirven para usar y tirar, donde la música popular de los últimos 15 años (ya lo dijo Groucho) ha ido pasando de la nada a la más absoluta de las miserias.Qué más puedo decir, que es un orgullo ser su amigo, que ha sido un honor com­partir con ellos escenarios y risas y canciones a lo largo de todos estos años, que ojalá que tantos gru­pos que empiezan ahora, aprendieran de ellos el único secreto que atesoran los hermanos (mis herma­nos) Urquijo: que la música, para ser de verdad, hay que hacerla con el corazón y no con la calculadora. Salud y larga vida, compañeros.

 

Joaquín Sabina

 


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